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Ranking 2027 de Universidades de Puebla; del discurso y la foto, a los hechos

hace 10 minutos
4 min de lectura

La sociedad deposita en las universidades tiempo, recursos y, sobre todo, confianza. Esta edición del Ranking buscará observar qué hacen las instituciones para corresponderla.


Puebla, Ciudad Universitaria de México. Las universidades hablan cada vez más de responsabilidad social, inclusión, bienestar, vinculación, innovación, valores y compromiso con su comunidad.



Y es bueno que lo hagan.


Pero al comenzar una nueva edición del proceso de investigación del Ranking de las Universidades de Puebla, queremos colocar sobre la mesa una pregunta:


¿Cuánto de ese discurso se convierte realmente en hechos?


Comunicar es importante. Presumir un logro también es válido. Pero una universidad se construye todos los días, mucho más allá de una fotografía, un reconocimiento o una publicación en redes sociales.


Por eso este año vamos a mirar detrás del discurso.


La confianza que depositamos en una universidad


Pocas veces dimensionamos el enorme valor social que todavía tiene la palabra “universidad”.


Cuando una familia inscribe a una hija o a un hijo no está contratando solamente clases, instalaciones o un programa académico.


Está poniendo una parte de su futuro en sus manos.


Hay familias que reorganizan su economía durante años; jóvenes que dejan su ciudad, trabajan mientras estudian, buscan una beca o se convierten en la primera generación de su familia que llega a la educación superior.


Detrás de cada estudiante existen expectativas, sacrificios y una esperanza: que estudiar una carrera contribuya a construir una vida mejor.


Por eso debemos atrevernos a preguntar:


¿Están todas las universidades correspondiendo a esa confianza?


Una institución no puede pedir cuatro o cinco años de tiempo, esfuerzo, dinero y esperanza y considerar que su responsabilidad termina cuando entrega un certificado de curso finalizado.


La confianza también genera obligaciones.


La responsabilidad social comienza en casa


La responsabilidad social seguirá siendo uno de los pilares que vamos observar.

Pero no solamente a través de campañas, donaciones, jornadas comunitarias o fotografías.


También está en la calidad educativa, en las oportunidades que se generan, en las becas, la inclusión, la seguridad, la vinculación, la empleabilidad y, particularmente, en la manera en que una institución trata a las personas.


Una buena universidad debería ser un espacio donde alumnos, profesores, administrativos, trabajadores y directivos puedan estudiar, convivir y trabajar con dignidad.


Sería contradictorio hablar de responsabilidad social hacia afuera mientras puertas adentro existen personas que no se sienten escuchadas, respetadas o valoradas.


Una universidad no puede quedarse entre cuatro paredes


La responsabilidad universitaria tampoco termina en el campus.


Una universidad forma parte de una colonia, un municipio, una ciudad y una región. Cuenta con conocimiento, profesores, estudiantes, instalaciones y capacidad para construir alianzas.

Todo ello puede ponerse al servicio de su entorno.


Una universidad puede capacitar a personas que nunca serán sus alumnos, acompañar emprendedores, colaborar con empresas y organizaciones, generar investigación útil, acercar tecnología, promover cultura y convertirse en un verdadero nodo de desarrollo local o regional.


Por eso queremos hacer otra pregunta:


¿Qué cambia alrededor de una universidad por el simple hecho de que esa universidad exista ahí?


El impacto de una institución no debería medirse únicamente por cuántos estudiantes tiene dentro, sino también por su capacidad para transformar positivamente el territorio del que forma parte.


Comunicar también significa ser transparente


La confianza requiere además comunicación y transparencia.


Una universidad tiene derecho a promover sus programas y comunicar sus logros. Pero estudiantes y familias también tienen derecho a recibir información clara sobre costos, becas, programas, condiciones académicas, procesos de titulación, servicios y aquello que realmente pueden esperar de la institución.


Y la transparencia se vuelve todavía más importante cuando aparece un problema.

Las universidades pueden equivocarse.

Lo importante también es observar qué hacen cuando se equivocan.

Si escuchan, explican, corrigen y asumen responsabilidades, o si el primer impulso es proteger la imagen institucional.

Porque comunicar solamente los éxitos es sencillo.

La confianza también se construye diciendo la verdad cuando las cosas no salen bien.


Queremos escuchar


Con estas reflexiones comenzamos nuevamente el proceso de investigación del Ranking de las Universidades de Puebla.


Durante los próximos meses estaremos escuchando a estudiantes, profesores, administrativos, empresarios, empleadores, especialistas, periodistas, egresados, directivos y rectores.

A quienes reciban nuestros cuestionarios les pedimos que participen y, sobre todo, que respondan con libertad, responsabilidad y honestidad.


No buscamos porras para una universidad ni campañas contra otra.


Queremos conocer lo que funciona y también aquello que necesita cambiar.


Agradecemos a quienes cada año responden nuestras encuestas, reciben a nuestro equipo y comparten sus experiencias. Y también a las universidades que han entendido que participar en un ejercicio como este no significa solamente esperar una buena posición.


También significa estar dispuestas a escuchar.


Ninguna universidad es perfecta. Pero una institución que escucha, reconoce, aprende y corrige puede convertirse en una mejor universidad.


Del discurso y la foto, a los hechos


Este año queremos mirar un poco más allá.

No basta con hablar de responsabilidad social.Hay que demostrarla.

No basta con decir que las personas son lo más importante.Hay que observar cómo son tratadas.

No basta con hablar de valores.Hay que defenderlos cuando hacerlo resulta incómodo.

No basta con hablar de vinculación.Hay que observar qué cambia alrededor de la universidad.

No basta con comunicar los éxitos.También hay que responder cuando algo sale mal.

Y no basta con pedirle a la sociedad que siga confiando en sus universidades.

Esa confianza tiene que corresponderse.


El verdadero patrimonio de una universidad no está solamente en sus edificios, instalaciones, acreditaciones o reconocimientos. Está en algo mucho más difícil de construir y mucho más fácil de perder: la confianza de sus estudiantes, sus familias y la sociedad.


Por eso queremos comenzar esta edición con una pregunta:


Si quitáramos las fotografías, los discursos y los reconocimientos, ¿qué hechos quedarían para hablar de nuestra universidad?


Ahí queremos comenzar la conversación.


Ranking de las Universidades de Puebla

Del discurso y la foto, a los hechos.



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