Estudiantes foráneos: el reto de Puebla comienza después de elegir universidad
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La Universidad Tecnológica de Huejotzingo abrió un espacio de diálogo con jóvenes provenientes de otros estados para conocer directamente los retos que enfrentan durante su formación. Transporte, horarios, becas, empleo, vivienda e integración forman parte de una conversación necesaria para entender qué necesita Puebla para consolidarse como la Ciudad Universitaria de México.
Puebla, Ciudad Universitaria de México. Puebla se ha convertido en un importante destino para jóvenes que salen de sus lugares de origen en busca de oportunidades de educación superior. Sin embargo, atraer estudiantes es solamente una parte del desafío. La otra comienza cuando llegan: ¿cómo se trasladan?, ¿dónde viven?, ¿qué apoyos necesitan?, ¿cómo se integran a un entorno desconocido?, ¿qué sucede cuando sus horarios universitarios no coinciden con los del transporte que necesitan para regresar a casa?

Estas preguntas estuvieron presentes durante un conversatorio realizado en la Universidad Tecnológica de Huejotzingo (UTH), encabezado por su rectora, la Mtra. Mirna Toxqui, con estudiantes foráneos de la institución y en el que Universidades de Puebla participó como parte de los trabajos de análisis territorial de Puebla Ciudad Universitaria de México.
El ejercicio permitió escuchar directamente a los jóvenes y conocer situaciones que difícilmente aparecen en una estadística de matrícula, pero que forman parte cotidiana de la experiencia universitaria.
209 estudiantes llegan a la UTH desde otros estados
De acuerdo con información proporcionada por la Universidad Tecnológica de Huejotzingo, actualmente 209 estudiantes tienen su domicilio fuera del estado de Puebla, lo que representa el 10.5% de su matrícula.

Es importante precisar el criterio: para estos datos, la UTH considera como estudiantes foráneos exclusivamente a quienes proceden de otra entidad federativa.
Los 209 estudiantes identificados provienen de ocho entidades: Tlaxcala, Estado de México, Oaxaca, Guerrero, Veracruz, Hidalgo, Guanajuato y la Ciudad de México.
Los datos muestran así una dimensión que trasciende los límites administrativos de Puebla: la educación superior genera corredores de movilidad que conectan diariamente comunidades y municipios de diferentes estados.
Huejotzingo como nodo educativo entre Puebla y Tlaxcala
El caso de Tlaxcala resulta particularmente significativo.
Los estudiantes de Tlaxcala representan un porcentaje importante de los alumnos provenientes de otros estados registrados por la UTH.

Nativitas encabeza la procedencia, seguido de Tepetitla de Lardizábal e Ixtacuixtla de Mariano Matamoros. También se registran estudiantes de Santa Ana Nopalucan, Tetlatlahuca, Santa Apolonia Teacalco, San Pablo del Monte y otros municipios.
Las cifras permiten observar a la UTH no solamente como una institución educativa ubicada en Huejotzingo, sino como un nodo de atracción educativa interestatal dentro del corredor Puebla–Tlaxcala.
Y precisamente ahí aparece uno de los principales temas planteados por los estudiantes durante el conversatorio: la movilidad.
Uno de los jóvenes explicó que un cambio de horario hacia el turno vespertino podía complicar seriamente su regreso. Aunque existe transporte universitario hacia determinados puntos, llegar alrededor de las ocho de la noche a zonas de conexión como San Martín, Nativitas o Xoxtla puede significar ya no encontrar transporte para continuar hasta su comunidad.
El comentario permite entender que, para un estudiante que cruza diariamente límites municipales o estatales, un horario académico también puede convertirse en un problema territorial.
¿A qué hora comienza realmente el día de un estudiante foráneo?
Otra estudiante relató que tarda entre hora y media y dos horas en llegar a la universidad, situación que influye directamente en su posibilidad de participar en determinadas actividades realizadas desde temprano.

El dato adquiere mayor relevancia al considerar que, de acuerdo con la información proporcionada por la UTH, 140 estudiantes provenientes de otros estados estudian en el turno matutino.
Esto plantea una pregunta que pocas veces forma parte de la conversación sobre educación superior:
¿A qué hora comienza realmente la jornada universitaria de un joven que necesita desplazarse durante dos horas para llegar a clases?
La experiencia educativa no comienza cuando el estudiante cruza la puerta del salón. Para miles de jóvenes que estudian fuera de sus comunidades, empieza mucho antes.
Becas, empleo y oportunidades también forman parte de la permanencia
El conversatorio permitió identificar otras preocupaciones.
Los estudiantes preguntaron por alternativas de becas y plantearon las dificultades que pueden representar determinados requisitos académicos. La universidad respondió que existen diferentes opciones y convocatorias externas y pidió a los jóvenes mantenerse atentos a las oportunidades disponibles.

También surgieron solicitudes relacionadas con bolsas de trabajo, ferias de empleo y un mayor número de visitas industriales, particularmente entre quienes se encuentran próximos a realizar estadías profesionales.
La UTH señaló durante el encuentro que organiza ferias de empleo mensuales en las que se generan, en promedio, alrededor de 200 oportunidades laborales directas para sus estudiantes, además de fortalecer relaciones con empresas y egresados.
La conversación evidencia que la permanencia de un estudiante foráneo no depende exclusivamente del aspecto académico. Becas, ingresos, empleabilidad y vinculación empresarial pueden ser determinantes para que un joven pueda continuar su trayectoria.
Del estudiante que viaja diariamente al que necesita construir una nueva vida
Los datos proporcionados por la universidad también permiten distinguir diferentes realidades.
La mayoría de los estudiantes de otros estados procede de Tlaxcala y existe una fuerte dinámica de movilidad cotidiana. Sin embargo, la UTH identifica también 27 jóvenes cuya procedencia implica necesidades relacionadas con vivienda y arraigo.

Entre los lugares reportados aparecen Ixtapaluca y Ecatepec, en el Estado de México; Magdalena Contreras, en la Ciudad de México; San Dionisio del Mar, Oaxaca; Tizayuca, Hidalgo, además de otros municipios.
Para estos estudiantes, estudiar fuera de su lugar de origen puede significar algo mucho más profundo que trasladarse diariamente: implica encontrar dónde vivir, administrar recursos, conocer una nueva comunidad, crear redes de apoyo y desarrollar progresivamente un sentido de pertenencia.
La propia rectora reconoció durante el encuentro la necesidad de continuar buscando alternativas. Incluso mencionó la posibilidad de analizar modelos utilizados por otras universidades que cuentan con espacios cercanos donde los estudiantes pueden residir.
Escuchar también es una política universitaria
Uno de los elementos más relevantes del ejercicio realizado por la UTH fue precisamente abrir el diálogo.
Los estudiantes pudieron plantear directamente sus inquietudes ante la rectoría y responsables de diferentes áreas, mientras algunas solicitudes derivaron en instrucciones para revisar situaciones específicas.

La institución también reconoció que contar con servicios no necesariamente significa que todos los estudiantes sepan cómo acceder a ellos. Durante el encuentro se propuso generar contenidos audiovisuales para explicar servicios estudiantiles, apoyos y hasta rutas para llegar a la universidad desde distintos puntos.
Al finalizar el conversatorio, Mirna Toxqui resumió parte de esta filosofía al pedir a los jóvenes que comuniquen lo que observan y necesitan:
“Ustedes son mis ojos [...] y son la boca que necesito [...] para saber cómo mejorar las condiciones”.
La rectora reiteró que las puertas de rectoría se encuentran abiertas y llamó a los estudiantes a perder el miedo para expresar aquellas situaciones que puedan contribuir a mejorar su estancia universitaria.
El mensaje resulta especialmente relevante cuando se habla de jóvenes que llegan desde otros lugares y deben aprender a desenvolverse en un entorno desconocido.
Llegar, adaptarse y pertenecer
Durante la participación de Universidades de Puebla en el conversatorio se planteó precisamente que una de las primeras dificultades del estudiante foráneo es el desconocimiento.
Quien llega a otra ciudad observa, aprende el funcionamiento de su nuevo entorno y, muchas veces, tarda en expresar aquello que necesita. Por ello, generar confianza y espacios de comunicación puede facilitar su proceso de adaptación.

Desde la perspectiva del proyecto Puebla Ciudad Universitaria de México, este ejercicio abre una conversación que deberá trascender a una sola institución.
Si Puebla quiere fortalecer su posición como uno de los principales destinos de educación superior del país, el desafío no puede reducirse a atraer matrícula.
Una verdadera ciudad universitaria necesita construir condiciones para que un estudiante pueda llegar, trasladarse, estudiar, alimentarse, vivir, trabajar, sentirse seguro, relacionarse y desarrollar un proyecto profesional.
El reto puede resumirse en tres momentos:
Llegar. Adaptarse. Pertenecer.
La Universidad Tecnológica de Huejotzingo aporta con este conversatorio un caso concreto para comenzar a observar esa realidad. Poner frente a frente a estudiantes y autoridades permite detectar problemas que desde una oficina o una estadística difícilmente serían visibles.
Porque quizá el siguiente paso para construir a Puebla como Ciudad Universitaria de México no sea solamente preguntarnos cuántos jóvenes vienen a estudiar.
También necesitamos comenzar a preguntarles:
¿Cómo están viviendo Puebla quienes decidieron venir a estudiar aquí?






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