¿Qué tipo de profesionistas necesitan las empresas?
Las microcredenciales abren una nueva discusión en la educación superior: las universidades no pueden limitarse a imaginar las competencias que requiere el mercado laboral; necesitan construirlas en diálogo con quienes están contratando.
Puebla, Ciudad Universitaria de México. Durante años, uno de los grandes retos de la educación superior ha sido reducir la distancia entre lo que ocurre dentro de las aulas y las necesidades que enfrentan las empresas y organizaciones.

Hoy, el crecimiento de las llamadas microcredenciales vuelve a poner esa discusión sobre la mesa.
Para el Mtro. Salvador Cervantes Cajica, director de Posgrados y Desarrollo Profesional de la Universidad del Valle de Puebla (UVP), una de las características que distingue a las microcredenciales es precisamente que responden a necesidades muy puntuales y buscan desarrollar habilidades o competencias específicas.
Pero para lograrlo existe una condición fundamental: la universidad tiene que escuchar al exterior.
La universidad no puede adivinar lo que necesita el mercado
Una microcredencial no debería construirse únicamente desde el escritorio de una institución educativa.
Cervantes explica que las universidades necesitan establecer comunicación y consensos con el sector productivo, social y gubernamental para que las competencias desarrolladas tengan reconocimiento y utilidad fuera de las aulas.
El planteamiento toca uno de los temas más importantes de la educación superior actual: ¿las universidades están formando las competencias que creen que necesitan las empresas o las que realmente están demandando?
En la entrevista, el Mtro. Salvador Cervantes lo resume con una idea particularmente interesante: “no se trata de un juego interno” en el que las universidades intenten identificar por sí mismas lo que requiere el mercado.
El diálogo debe darse directamente con quienes contratan, producen, administran organizaciones y enfrentan problemas concretos en sus sectores.
Esto obliga también a replantear la vinculación universidad-empresa. Ya no basta con firmar convenios, realizar visitas empresariales o abrir espacios para prácticas profesionales. La vinculación también puede significar escuchar al sector productivo para transformar parte de la formación que reciben estudiantes y profesionistas.
Una microcredencial no es simplemente un curso corto
Otro de los puntos importantes es evitar que el concepto se convierta únicamente en una nueva etiqueta educativa.
Cervantes señala que una microcredencial no puede entenderse de la misma manera que un curso, taller, diplomado o incluso una certificación tradicional.
Entre sus características se encuentra que sean escalables y apilables: que una competencia adquirida pueda formar parte de una ruta progresiva de aprendizaje.
Además, su valor debería reflejarse fuera de la propia institución educativa.
Ahí aparece otro reto para México. De acuerdo con Salvador Cervantes, todavía hace falta regulación que permita establecer directrices más claras sobre la manera en que deben concebirse y reconocerse las microcredenciales, mientras otros países presentan avances mayores en este terreno.
¿Entonces ya no será necesario estudiar una licenciatura?
El crecimiento de este modelo también ha generado una narrativa que comienza a circular, particularmente en redes sociales: que en el futuro será mejor estudiar microcredenciales que cursar una carrera universitaria.
Cervantes considera equivocado enfrentar ambas opciones.
Una microcredencial y una licenciatura tienen propósitos diferentes.
Mientras las primeras pueden desarrollar habilidades muy específicas, una carrera universitaria implica una formación mucho más amplia que incluye elementos argumentativos, comunicativos, éticos y otras bases necesarias para el desarrollo profesional.
Por ello, las microcredenciales pueden encontrar un espacio especialmente interesante en la especialización, complementando trayectorias académicas y profesionales en lugar de necesariamente sustituirlas.
La propia UVP ya trabaja en un programa para la creación de microcredenciales, diferenciándolas de otras alternativas de educación continua, talleres, cursos y certificaciones.
Las universidades tendrán que salir de sus cuatro paredes
Quizá el debate más interesante que dejan las microcredenciales no sea cuánto duran ni si algún día competirán con una licenciatura.
La discusión de fondo podría ser otra:
¿Qué tan dispuestas están las universidades a escuchar lo que sucede fuera de ellas?
El mercado laboral cambia, aparecen nuevas tecnologías, las empresas modifican sus procesos y surgen habilidades que hace algunos años prácticamente no existían.
Ante ese escenario, las universidades necesitan mantener una comunicación mucho más cercana con empresarios, empleadores, organizaciones sociales y gobierno.
Porque vincularse no significa únicamente acercar estudiantes a las empresas.
También significa permitir que las necesidades del entorno ayuden a transformar lo que sucede dentro de las aulas.
Y frente a quienes presentan las microcredenciales como el reemplazo inmediato de la universidad tradicional, Salvador Cervantes deja una advertencia breve pero contundente:
“No nos dejemos engañar”.






Comentarios