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Detrás del mejor sazón de Puebla; 30 años de Gastronomía en UVP

  • hace 37 minutos
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Mientras la Universidad del Valle de Puebla celebra 45 años de historia, su Licenciatura en Gastronomía cumple tres décadas convertida en referente nacional.


Puebla, Ciudad Universitaria de México. Hay recetas que tardan treinta minutos. Hay otras que necesitan horas de paciencia. Y hay algunas que requieren treinta años para alcanzar su punto exacto. La historia de la Licenciatura en Gastronomía de la Universidad del Valle de Puebla es una de ellas.



En un estado reconocido internacionalmente por su cocina, donde preparar un mole o unos chiles en nogada es hablar de identidad, tradición y cultura, construir una carrera universitaria capaz de convertirse en un referente no sucede por casualidad. Se cocina lentamente. Con trabajo diario, con profesores exigentes, con estudiantes apasionados y con una receta que nunca deja de perfeccionarse.


Hoy, cuando la Universidad del Valle de Puebla celebra 45 años de historia, su Licenciatura en Gastronomía llega a los 30 años de formación profesional viviendo uno de los momentos más importantes de su historia: el primer lugar del Ranking 2026 de Universidades de Puebla en Gastronomía. Un reconocimiento que llega mientras la UVP también se consolida como la séptima mejor universidad del estado.


Pero detrás del reconocimiento hay mucho más que un trofeo. Hay tres décadas de historias cocinadas a fuego lento.


Cuando decir "UVP" era pensar inmediatamente en gastronomía


Hubo una época en la que mencionar la Universidad del Valle de Puebla era suficiente para que la respuesta fuera inmediata.


"Ah... la universidad de Gastronomía".


El chef José Carlos Jiménez Pozos todavía lo recuerda. Aquella carrera fue una de las primeras grandes cartas de presentación de la institución. Mientras la universidad crecía y ampliaba su oferta académica hasta superar las treinta licenciaturas, Gastronomía seguía construyendo una identidad propia que terminó marcando a toda una generación de estudiantes.



Como toda buena receta, esta historia también tiene un origen. El primer ingrediente lo aportó el Mtro. Jaime Illescas López, fundador de la Universidad del Valle de Puebla, quien sembró las bases de una institución convencido de que "estudiar y superarse para que los conocimientos acerquen a los sueños" era mucho más que un lema: era una forma de entender la educación. Sobre esa visión, el chef Fernando Sánchez dio vida a la Licenciatura en Gastronomía, un proyecto que comenzó formando cocineros y que, treinta años después, ha terminado formando una de las comunidades gastronómicas universitarias más reconocidas de Puebla.


Y mientras la cocina cambia, aparecen nuevas técnicas y evolucionan las tendencias gastronómicas, el plan de estudios también lo hace. La licenciatura se actualiza constantemente para responder a una industria que nunca deja de transformarse.


Aquí nadie aprende viendo. Aquí se aprende cocinando.


En muchas carreras las prácticas llegan casi al final. En la UVP comienzan desde el tercer semestre. Los estudiantes viven cuatro etapas de prácticas profesionales que los llevan de las cocinas universitarias a restaurantes, hoteles y establecimientos donde el ritmo deja de ser académico para convertirse en completamente profesional.



No se trata únicamente de preparar platillos. Se trata de aprender a trabajar bajo presión, resolver problemas en cuestión de segundos, coordinar equipos y responder a clientes reales.


Y muchas veces ocurre algo que cualquier estudiante espera. El lugar donde llegaron como practicantes termina convirtiéndose en su primer empleo. Cuando concluyen la licenciatura, muchos ya no salen únicamente con un título bajo el brazo. También llevan experiencia laboral que facilita su incorporación al mundo gastronómico.


Las cocinas hablan antes que los discursos


Hay una coincidencia que llama la atención.

Cuando se les pregunta a los profesores qué distingue a la licenciatura, hablan de laboratorios especializados.

Cuando se les pregunta exactamente lo mismo a los estudiantes, responden casi lo mismo.

Las cocinas.

Jimena, Yaretsi, Ángel y Maritza coinciden en que una de las razones por las que eligieron la UVP fueron precisamente sus instalaciones.



Hablan de cocinas especializadas, espacios dedicados a panadería, repostería, cocina de humo, cocina mexicana y laboratorios de mixología donde pueden practicar desde los primeros semestres.

Para ellos, más que edificios, representan lugares donde comienzan a desarrollar las habilidades con las que algún día buscarán abrirse paso en una de las industrias más competidas del país.


En UVP los chefs enseñan técnicas... pero también carácter


Cualquiera puede aprender una receta. Lo difícil es aprender el oficio. Por eso la Academia de Gastronomía de la UVP reúne chefs instructores con amplia experiencia profesional, especialistas en panadería, repostería, vinos, mixología, cocina salada y diversas áreas culinarias. Muchos han trabajado en diferentes países y llevan esa experiencia internacional directamente al aula.



Pero quizá la enseñanza más importante no aparece escrita en ningún recetario.

Durante los primeros semestres, los profesores trabajan algo igual de importante que la técnica: el carácter.


Porque la cocina exige disciplina, perseverancia, resistencia física y fortaleza mental.

Y esas habilidades también se entrenan.


¿El sazón nace... o se aprende?


Para el chef José Carlos Jiménez, algunas personas nacen con sensibilidad para cocinar.

Pero la pasión, el trabajo y el aprendizaje también construyen el sazón.

Horas después, sin haber escuchado esa respuesta, uno de los estudiantes dijo prácticamente lo mismo.



"Yo siento que lo voy desarrollando día con día aquí en la universidad", explicó al hablar de todo lo que aprende junto a sus chefs instructores.


Quizá esa sea la mejor definición de estos treinta años. La UVP ha demostrado que el talento ayuda. Pero el verdadero sazón también se forma.


Una cocina que también mira hacia el futuro


Treinta años después, la licenciatura ya no se llama solamente Gastronomía. Hoy es Licenciatura en Gastronomía e Innovación Culinaria. Y el cambio de nombre no es casualidad.


El nuevo programa incorpora inteligencia artificial como herramienta de aprendizaje, fortalece el desarrollo de habilidades blandas y apuesta por una intensa formación en idiomas.



Mientras muchas universidades apenas comienzan a reforzar el inglés, en la UVP los estudiantes reciben 7.5 horas semanales, una preparación que busca responder a una realidad evidente: los chefs del futuro competirán en un mercado internacional.


La apuesta es clara. No formar cocineros para quedarse únicamente en Puebla.

Formar profesionales capaces de llevar la cocina mexicana a cualquier parte del mundo.


Mucho más que una cocina


Quien piense que estudiar Gastronomía consiste únicamente en aprender recetas probablemente se lleve una sorpresa. Los directivos de la universidad coinciden en que el verdadero objetivo es formar profesionistas con pensamiento crítico, ética, sensibilidad social y valores.



La formación humanista atraviesa toda la universidad.


Desde jornadas de apoyo a personas en situación de vulnerabilidad hasta actividades de responsabilidad social donde los propios estudiantes participan como agentes de cambio, la cocina también se convierte en una herramienta para servir a los demás.


Porque alimentar a una persona puede ser un acto técnico.

Pero también profundamente humano.


Los estudiantes también explican por qué llegaron al primer lugar


Cuando se les informó que la Licenciatura en Gastronomía acababa de ser reconocida como la mejor de Puebla, varios estudiantes reaccionaron con orgullo.



¿Por qué creen que Gastronomía de UVP obtuvo el 1er lugar del Ranking 20206 de las Universidades de Puebla?


Hablaron de la preparación que reciben de sus chefs. De la experiencia que obtienen participando en concursos. De los eventos organizados por la universidad. Del reconocimiento obtenido en competencias como el concurso de paella. Y, sobre todo, de las oportunidades constantes para poner en práctica lo aprendido. Todos hablaron de experiencias.



Treinta años... y la historia continúa



Porque después de escuchar a chefs, directivos y estudiantes, resulta evidente que el ingrediente secreto de esta historia nunca fue una receta.


Fue el tiempo.

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