Del “farmear aura” a los comportamientos algorítmicos
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Actualizado: hace 13 minutos
La nueva forma de pertenecer de los jóvenes universitarios por Daniel Cervantes.
Puebla, Ciudad Universitaria de México. Hoy podríamos hablar de “farmear aura”. Explicar qué significa, por qué miles de jóvenes utilizan la expresión o por qué las llamadas “batallas de aura” han comenzado a trasladarse de TikTok e Instagram a encuentros presenciales.
Pero realmente no quiero hablar de farmear aura.
Quiero hablar de algo mucho más interesante: cómo nace un comportamiento entre los jóvenes, cómo las redes sociales lo convierten en tendencia y cómo termina saliendo de la pantalla para instalarse en la vida cotidiana, incluso dentro de nuestras universidades.
Porque algo está cambiando.

Las tendencias digitales ya no se quedan dentro del teléfono.
¿Qué demonios es “farmear aura”?
Para quienes pertenecemos a generaciones anteriores, probablemente sea necesario comenzar por ahí.
Farmear es una expresión proveniente del mundo de los videojuegos que hace referencia a realizar determinadas acciones para acumular recursos o puntos.
El “aura”, dentro de este nuevo lenguaje digital, representa simbólicamente el carisma, respeto, estilo, presencia o capacidad de proyectar seguridad.
Así que alguien puede hacer algo espectacular y ganar “+1,000 puntos de aura”, mientras que protagonizar una situación vergonzosa podría representar perderlos.
¿Absurdo? Quizá.
Pero antes de descartarlo como otra ocurrencia de TikTok conviene observar lo que está sucediendo detrás.
Porque las llamadas batallas de aura consiguieron hacer algo particularmente interesante: códigos, poses, memes y comportamientos reconocibles dentro de una plataforma digital terminaron convirtiéndose en encuentros físicos entre jóvenes.
Internet salió de internet. Y eso merece nuestra atención.
De las modas juveniles a los comportamientos algorítmicos
Los jóvenes siempre han imitado.
Los adultos también.
Las generaciones anteriores tuvimos nuestras propias modas, tribus urbanas, expresiones, artistas, formas de vestir y comportamientos que necesitábamos adoptar para sentir que pertenecíamos a determinado grupo.
Eso no es nuevo.
Lo verdaderamente nuevo es la velocidad.
Una moda anteriormente necesitaba tiempo para viajar de una comunidad a otra.
Hoy puede aparecer un video al otro lado del planeta, convertirse en meme, ser reinterpretado miles de veces y llegar rápidamente al teléfono de un estudiante en Puebla.
De pronto encontramos jóvenes utilizando palabras como NPC, delulu, cringe, rizz, aesthetic, core, POV o GRWM; participando en challenges, reproduciendo memes, bailes, formas de vestir, maneras de hablar, gesticular e incluso de relacionarse.
Algunas desaparecerán.
Otras terminarán incorporándose al lenguaje cotidiano.
Por eso quizá estamos entrando en una nueva etapa:
Estamos pasando de las modas juveniles a los comportamientos algorítmicos.
Antes imitábamos a nuestro círculo social; ahora también imitamos a nuestro círculo algorítmico
Un joven tradicionalmente construía buena parte de su identidad observando aquello que tenía alrededor.
Su familia.
Sus amigos.
La escuela.
El barrio.
La música.
La televisión.
Sus ídolos.
Hoy existe un actor adicional.
El algoritmo.
Y su funcionamiento puede parecer sencillo, pero sus implicaciones sociales son enormes.
Un joven observa determinada conducta.
Interactúa con ella.
La plataforma detecta su interés.
Entonces le muestra otro contenido parecido.
Y otro.
Y otro.
Después de observar decenas de personas haciendo lo mismo puede comenzar a aparecer una percepción poderosa:
“Todo mundo está haciendo esto”.
Aprende los códigos.
Los reproduce.
Otros jóvenes lo observan.
Interactúan.
Y nuevamente alimentan al algoritmo.
Contenido → repetición → normalización → imitación → pertenencia → comportamiento.
No significa que TikTok controle automáticamente lo que piensa un estudiante.
Significa algo quizá más interesante:
el algoritmo se ha convertido en un nuevo agente de socialización.
Puebla, Argentina, España o Indonesia: el mismo código

Pensemos en algo que hace apenas unas décadas habría resultado extraordinario.
¿Qué tienen hoy en común un universitario de Puebla, uno de Argentina, uno de España y uno de Indonesia?
Probablemente consumen algunos de los mismos códigos culturales a través de TikTok.
No necesitan conocerse.
No necesitan hablar entre ellos.
Ni siquiera necesitan vivir realidades sociales similares.
Una plataforma puede colocar frente a ellos el mismo baile, expresión, meme o comportamiento.
Y entonces ocurre algo fascinante:
la pertenencia ya no necesariamente necesita proximidad geográfica.
Un estudiante puede sentirse culturalmente más cercano a una comunidad digital formada por personas que viven a miles de kilómetros que a otros jóvenes que viven en su propia colonia.
Ahí comienza una transformación que las universidades también necesitan entender.
Cuando el algoritmo entra al campus
Porque todo esto inevitablemente termina entrando a nuestras universidades.
En la ropa.
En el lenguaje.
En lo que consumen.
En los lugares que visitan.
En lo que fotografían.
En cómo se toman esa fotografía.
En lo que publican.
En aquello que consideran exitoso, atractivo o vergonzoso.
E incluso en determinadas cosas que deciden no hacer porque podrían hacerlos verse “cringe”.
Y entonces llegamos a una pregunta mucho más profunda:
¿Cuánto de nuestra identidad estamos construyendo pensando en cómo nos perciben los demás?
Aquí aparece otro fenómeno: la identidad performativa digital.
Antes hacíamos cosas y algunas terminaban publicándose.
Hoy muchas veces hacemos cosas pensando desde el principio en cómo se van a ver cuando sean publicadas.
La diferencia parece pequeña.
No lo es.
Del “me gusta” al “quiero que sea visto”
Tampoco debemos cometer el error de satanizar las redes sociales.
Los fenómenos virales también generan creatividad, humor, pertenencia, identidad colectiva y nuevas formas de socialización.
Participar en una tendencia no convierte automáticamente a un joven en víctima del algoritmo.
El punto crítico aparece cuando cambia la motivación:
“Hago algo porque me gusta”.
por:
“Hago algo porque necesito que sea visto”.
Y quizá “farmear aura” resulte una metáfora extraordinaria para comprenderlo.
Porque los puntos de aura no existen.
Pero la necesidad de reconocimiento sí.
La universidad también se convirtió en escenario
¿Qué sucede cuando toda esta lógica entra a una universidad?
El campus deja de ser únicamente un espacio educativo.
También se convierte en escenario de producción de identidad.
El estudiante aprende, convive, descubre, se equivoca, construye relaciones y se prepara profesionalmente.
Pero simultáneamente se representa a sí mismo como estudiante ante una audiencia digital.
La universidad que estudia.
Los amigos que tiene.
El café que visita.
La ropa que utiliza.
El concierto al que asistió.
La fiesta.
El viaje.
La experiencia.
Todo puede convertirse en contenido.
Y entonces aparece una pregunta que probablemente deberíamos discutir mucho más dentro de las universidades:
¿Los jóvenes siguen las tendencias porque les gustan o les gustan porque el algoritmo decidió mostrárselas suficientes veces?
Las tendencias cambian. El algoritmo permanece
“Farmear aura” probablemente desaparecerá.
Dentro de algunos meses estaremos hablando de otra expresión que muchos adultos tampoco entenderemos.
Después llegará otra.
Y otra.
Eso es lo menos importante.
Lo verdaderamente importante es entender el mecanismo que existe detrás.
Porque las tendencias cambian.
El algoritmo permanece.
Y mientras nosotros observamos a un grupo de jóvenes haciendo un baile extraño, utilizando una palabra que no comprendemos o participando en el reto viral del momento, quizá estamos viendo algo mucho más profundo.
Estamos observando nuevas maneras de construir identidad.
Nuevas formas de pertenecer.
Nuevas maneras de buscar reconocimiento.
Y posiblemente una de las transformaciones sociales más importantes de las nuevas generaciones:
antes imitábamos principalmente a las personas que teníamos alrededor; ahora también estamos aprendiendo a comportarnos de las personas que un algoritmo decidió poner frente a nosotros.
Quizá por eso la pregunta ya no debería ser qué significa “farmear aura”.
La pregunta que realmente deberíamos hacernos es:
¿Quién está educando nuestros comportamientos cuando creemos que solamente estamos deslizando el dedo sobre una pantalla?






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