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45 años de UVP: el legado de un sueño que trasciende generaciones

hace 10 minutos
7 min de lectura

La Universidad del Valle de Puebla celebra 45 años de historia. Una trayectoria construida entre aulas, generaciones, crecimiento, transformación y compromiso social que hoy permite reconocer a la UVP como parte del ecosistema universitario de Puebla.


Puebla, Ciudad Universitaria de México. Hay instituciones que forman profesionistas y otras que, con el paso del tiempo, terminan formando parte de la historia de Puebla. Después de 45 años, la Universidad del Valle de Puebla pertenece también a esa historia.



Por sus aulas han pasado generaciones de estudiantes, profesores y colaboradores; sus instalaciones se han transformado, su oferta académica ha crecido y su presencia ha rebasado las fronteras de Puebla. Pero detrás de todo ello permanece una idea que comenzó en 1981 con personas que creyeron que era posible construir una nueva institución educativa.


Hoy, cuando la UVP celebra 45 años, hablar de su trayectoria significa hablar de crecimiento y transformación, pero sobre todo de legado: el que dejaron quienes la imaginaron, el que construyeron quienes hicieron de ella su casa y el que ahora corresponde continuar a las nuevas generaciones.


El sueño que comenzó en 1981


La historia de la Universidad del Valle de Puebla está inevitablemente ligada a dos nombres: Jaime Illescas López y María Hortensia Irma Lozano e Islas, fundadores de un proyecto que comenzó a tomar forma hace más de cuatro décadas.


La Universidad se constituyó legalmente el 5 de marzo de 1981 y comenzó formalmente sus actividades académicas en septiembre de ese mismo año.



Lo que entonces era una idea comenzó poco a poco a convertirse en una comunidad.


Jaime Illescas fue fundador, primer rector y, posteriormente, Rector Emérito y Presidente de la Junta de Gobierno. Falleció en 2025, dejando detrás no solamente una institución, sino una serie de ideas que durante décadas compartió con su comunidad universitaria.


Entre ellas existe una particularmente significativa al mirar este aniversario:

“Confía en las nuevas generaciones, ellas son el cambio”.


También dejó frases como “Nunca limites tus sueños, todo es posible”, “El que quiere, puede” y “Estudia, supérate para que tus conocimientos te ayuden a conseguir tus sueños”.


Ideas sencillas que, vistas desde la perspectiva que dan cuatro décadas y media, ayudan a comprender parte de la filosofía con la que fue construida la Universidad.


Este aniversario, por ello, tiene también un significado especial.


Jaime Illescas ya no está físicamente para observar los 45 años de aquella institución que ayudó a imaginar. Sin embargo, miles de estudiantes, egresados, profesores y colaboradores forman hoy parte de aquello que alguna vez fue solamente un sueño.


Y quizá ahí se encuentre una de las formas más profundas del legado: construir algo capaz de continuar más allá de quienes lo iniciaron.


De una universidad a una comunidad


Los 45 años de la UVP también pueden observarse a través de su crecimiento.

En 1988 se incorporó a la Federación de Instituciones Mexicanas Particulares de Educación Superior (FIMPES); en 1990 estableció su sede permanente en el Complejo Kukulcán y en 1993 creó su Bufete Jurídico Universitario, vinculando la formación profesional con el servicio a la comunidad.


En 1996 la institución extendió su presencia hacia Tehuacán. Posteriormente llegarían nuevos espacios, programas académicos, modalidades educativas, certificaciones y proyectos.

Décadas después, la Universidad continuó ampliando su presencia. En 2024 abrió su campus Tlaxcala y en 2025 inauguró el Complejo Miyana.



Pero una universidad no se construye solamente con edificios.

Se construye con las personas que los habitan.


Con los jóvenes que alguna vez llegaron nerviosos a su primer día de clases; con quienes descubrieron ahí una profesión; con los profesores que acompañaron generaciones completas; con los trabajadores que han dedicado años de su vida a la institución y con las familias que depositaron en ella una parte importante del futuro de sus hijos.


Cuarenta y cinco años significan también miles de historias personales.


Historias que comenzaron en un salón y que posteriormente llegaron a empresas, hospitales, escuelas, despachos, instituciones públicas, organizaciones sociales, emprendimientos y muchos otros espacios.


Crecer también significa transformarse


La UVP que celebra 45 años es muy diferente a la que abrió sus puertas en 1981.

Y necesariamente tenía que serlo.


En cuatro décadas cambió la educación, cambiaron las profesiones, cambió la tecnología y, quizá lo más importante, cambiaron los propios estudiantes.


La UVP ha tenido que transformarse con ellos.



Durante la pandemia trasladó buena parte de sus procesos educativos y administrativos al entorno digital y posteriormente fortaleció modelos híbridos de enseñanza. A ello se han sumado procesos de internacionalización, actualización curricular y nuevas alternativas académicas.


En el marco de su 45 aniversario, la institución presentó la renovación de 17 programas académicos y nuevas opciones relacionadas con áreas emergentes, entre ellas Ingeniería en Ciencia de Datos.


La UVP también ha incorporado a su conversación temas como inteligencia artificial, investigación aplicada, educación flexible, aprendizaje permanente y microcredenciales.

No se trata únicamente de incorporar nuevas palabras al lenguaje universitario. El verdadero desafío será convertir esas tendencias en oportunidades concretas para los estudiantes.


Porque una institución con 45 años de historia tiene una doble responsabilidad: conservar aquello que le ha dado identidad y, al mismo tiempo, tener la capacidad de cambiar.


Calidad, integridad y reconocimiento


Parte de esa evolución también puede observarse en los procesos de evaluación externa.

En 2003 la UVP obtuvo por primera vez la acreditación de FIMPES y durante los años posteriores ha continuado participando en procesos orientados a evaluar y fortalecer su calidad institucional.



En 2025 obtuvo nuevamente la máxima acreditación otorgada por esta Federación y en 2026 alcanzó el Nivel 2 del Distintivo de Integridad Académica FIMPES, reconocimiento a las acciones desarrolladas para consolidar una cultura institucional basada en la ética y las buenas prácticas académicas.


Son reconocimientos que cobran mayor importancia cuando se observan desde la perspectiva de la permanencia.


Porque llegar a 45 años no consiste solamente en permanecer abierto.


Significa demostrar la capacidad de una institución para evolucionar, someterse a procesos de evaluación, corregir, aprender y continuar.


Una universidad que también mira hacia afuera


Uno de los principios presentes desde el origen de la UVP ha sido su compromiso con el entorno.

Y este punto resulta especialmente importante.


Las universidades no pueden permanecer únicamente en el salón. Su verdadera dimensión también debe observarse en la relación que construyen con la sociedad, las empresas, las comunidades y las problemáticas que existen a su alrededor.



La UVP ha desarrollado a lo largo de su trayectoria proyectos de servicio, voluntariado, sostenibilidad, vinculación y participación estudiantil.


Uno de los ejemplos recientes ocurrió en 2026.


La comunidad universitaria participó nuevamente en la campaña Puebla Comparte, Hambre Cero y consiguió reunir más de 20 toneladas de alimentos destinados al Banco de Alimentos Cáritas Puebla.


Más allá de la cifra, este tipo de acciones representa una idea fundamental para cualquier institución educativa: el conocimiento adquiere un significado diferente cuando también se convierte en servicio.


Ese compromiso social forma parte de la responsabilidad que una universidad adquiere con la ciudad y la región que durante décadas también han contribuido a su crecimiento.


Construir un lugar dentro de Puebla


Hablar de educación superior en Puebla significa hablar de uno de los ecosistemas universitarios más amplios y diversos del país.


Construir identidad dentro de él no resulta sencillo.


La UVP lo ha conseguido paulatinamente.


Algunas de sus áreas académicas han desarrollado una identidad particularmente reconocible. Gastronomía es quizá uno de los ejemplos más claros: en 2026 la licenciatura celebra también 30 años de historia y ocupa el primer lugar de Gastronomía dentro del Ranking 2026 de Universidades de Puebla.



En el mismo ejercicio, la Universidad del Valle de Puebla alcanzó la séptima posición general entre las mejores Universidades de Puebla además de aparecer en distintas áreas académicas evaluadas.


Sin embargo, el posicionamiento de una universidad nunca puede explicarse únicamente mediante una posición en un ranking.


Se construye también cuando sus egresados llegan al mercado laboral, cuando sus profesores participan en la formación de nuevas generaciones, cuando sus estudiantes representan a su institución, cuando existe vinculación con otros sectores y cuando una universidad comienza a ser reconocida por distintas generaciones de una ciudad.


Después de 45 años, quizá uno de los mayores logros de la Universidad del Valle de Puebla sea precisamente ese: haber construido un lugar propio dentro de la vida universitaria de Puebla.


Quienes hoy reciben el legado


La historia de la UVP tampoco puede entenderse como la historia de una sola persona.

La Dra. María Hortensia Irma Lozano e Islas, rectora y cofundadora, ha acompañado el proyecto desde su nacimiento y representa la continuidad de aquella generación que comenzó esta historia en 1981.


A lo largo de los años, distintas generaciones de directivos, académicos, administrativos y colaboradores se han incorporado a la construcción de la institución.



Hoy reciben una universidad considerablemente más grande y compleja que aquella que inició actividades hace cuatro décadas y media.


Y con ella reciben también una responsabilidad.


Porque los legados no solamente se conservan.


También se transforman, se enriquecen y se entregan a quienes vienen detrás.


Los próximos años colocarán frente a la UVP cambios importantes: inteligencia artificial, nuevas profesiones, microcredenciales, internacionalización, transformación del mercado laboral, investigación aplicada y nuevas maneras de entender la relación entre universidad, empresas y sociedad.


La institución tendrá que encontrar sus propias respuestas.


Pero lo hará desde algo que una universidad joven todavía no puede adquirir: 45 años de experiencia, historia y generaciones.


45 años después, el sueño continúa


Los aniversarios universitarios sirven para celebrar.


Pero también sirven para recordar.


Recordar a quienes estuvieron al principio, a quienes llegaron después y a quienes, muchas veces desde espacios poco visibles, ayudaron a construir una institución durante décadas.

Detrás de estos 45 años existen fundadores, rectores, directivos, profesores, administrativos, trabajadores, estudiantes, egresados y familias.



Cada uno forma parte de la historia de la Universidad del Valle de Puebla.


Algunos estuvieron desde el comienzo.


Otros apenas están viviendo su primer semestre.


Y probablemente muchos de los jóvenes que hoy caminan por sus instalaciones no habían nacido cuando buena parte de esa historia ya había sido escrita.


Ahí está precisamente la dimensión de este aniversario.


En 1981 comenzó un sueño. Cuarenta y cinco años después ese sueño tiene campus, aulas, laboratorios, profesores, proyectos, reconocimientos, egresados y nuevas generaciones que deberán decidir qué hacer con aquello que recibieron.


Jaime Illescas dejó una frase que hoy parece especialmente pertinente:

“Confía en las nuevas generaciones, ellas son el cambio”.


Quizá esa sea también una buena manera de mirar hacia los próximos años.


Porque el mayor reconocimiento para quienes comenzaron la Universidad del Valle de Puebla no está solamente en recordar lo que hicieron.


Está en observar cómo aquello que construyeron continúa creciendo, cambiando y formando nuevas historias.


Hoy la UVP cumple 45 años. Cuarenta y cinco años de aulas, desafíos, crecimiento, personas y sueños. Cuarenta y cinco años formando profesionistas, pero también formando parte de Puebla.

Y sobre todo, 45 años construyendo un legado que sigue trascendiendo generaciones.

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