¿Hasta dónde debe acompañarte tu universidad? UTH lleva la movilidad internacional más allá del intercambio
Actualizado: 1 oct
Estudiar en otro país puede cambiar la vida de un universitario, pero detrás de una experiencia de movilidad también existen preparación, seguridad, comunicación con las familias y capacidad de respuesta. La experiencia de jóvenes de la Universidad Tecnológica de Huejotzingo en Colombia permite mirar qué significa realmente acompañar a un estudiante cuando cruza una frontera.
Puebla, Ciudad Universitaria de México. Conseguir una beca para estudiar en otro país puede aparecer en el currículum como una línea más: movilidad internacional, universidad de destino y periodo académico.
Pero detrás existen historias que difícilmente caben en un documento.

Hay estudiantes que se suben por primera vez a un avión. Jóvenes que nunca habían vivido lejos de sus familias. Padres que deben confiar en que sus hijos estarán bien a miles de kilómetros de distancia. Universidades que dejan de tener a sus alumnos físicamente en el campus, pero no por ello dejan de ser responsables de acompañarlos.
La experiencia de un grupo de estudiantes de la Universidad Tecnológica de Huejotzingo (UTH) que viajó a Colombia permite entender esa otra dimensión de la movilidad universitaria.
Su historia comenzó con una oportunidad académica internacional. Después llegaron el descubrimiento de otras culturas, nuevas formas de estudiar y una visión distinta del mundo.
Y entonces ocurrió algo que nadie tenía contemplado: un terremoto.
Lo sucedido terminó poniendo a prueba no solamente a los estudiantes, sino también la capacidad de reacción y acompañamiento de la universidad que los había enviado.
Salir de Huejotzingo para descubrir qué tan grande es el mundo
La movilidad internacional no comenzó cuando los estudiantes abordaron el avión.
Detrás hubo convocatoria, selección, preparación, documentación y acompañamiento.
La Mtra. Mirna Toxqui Oliver, rectora de la Universidad Tecnológica de Huejotzingo (UTH) explica que la institución venía trabajando desde 2025 en propuestas para generar oportunidades internacionales para sus estudiantes.
En el caso de la Alianza del Pacífico, mecanismo que involucra a México, Colombia, Chile y Perú, señaló que durante 2025 Puebla consiguió dos becas y ambas correspondieron a la UTH. Para 2026, de acuerdo con la rectora, fueron seis las becas obtenidas para Puebla y las seis llegaron a estudiantes de esta universidad.
Cuatro jóvenes viajaron a Colombia, mientras que otra estudiante fue a Perú y uno más a Chile.
Pero conseguir la oportunidad era apenas el principio.
Los propios estudiantes recuerdan cursos de preparación, actividades relacionadas con liderazgo y herramientas para enfrentar emocionalmente la separación de sus familias. También tuvieron que elaborar cartas de motivos y cumplir con los procesos establecidos para competir por las oportunidades disponibles.
Uno de ellos recuerda que alrededor de 35 alumnos participaron en el proceso, unos diez avanzaron después del primer filtro y finalmente cuatro fueron becados, además de un estudiante que quedó en espera.
La preparación continuó una vez seleccionados.
Relaciones Internacionales de la UTH solicitó que estuvieran resueltos documentos, seguro, vuelos y lugar para vivir antes de permitir la salida. También fue necesario coordinar con los docentes cómo serían evaluados y qué materias cursarían en Colombia para posteriormente reconocerlas académicamente en México.
Una universidad puede abrirte una puerta; cruzarla cambia la perspectiva
Uno de los jóvenes nunca se había subido a un avión.
En su testimonio recuerda los nervios de viajar solo, llegar a Bogotá, enfrentarse a migración, preocuparse porque pudiera faltarle algún documento y después continuar hasta Pereira prácticamente sin batería ni conexión para avisar a su familia que había llegado.
Son experiencias que pocas veces aparecen cuando se habla de internacionalización universitaria.
Porque estudiar fuera no solamente significa cursar materias diferentes.
Significa descubrir que incluso hablando el mismo idioma existen expresiones distintas, conocer otra cultura y convivir con estudiantes que observan el mundo desde lugares completamente diferentes.
Los jóvenes de la UTH no solamente convivieron con colombianos. Durante su estancia conocieron también estudiantes franceses y brasileños.
Uno de ellos lo explica de una manera particularmente sencilla: descubrió “qué tan grande es el mundo”.
La experiencia, dice, aumentó su deseo de seguir conociendo, viajando y explorando posibilidades que antes ni siquiera contemplaba.
Ese probablemente sea uno de los valores menos cuantificables de la movilidad universitaria.
Un estudiante puede regresar con conocimientos académicos. Pero también puede volver cuestionándose hasta dónde quiere llegar.
Cuando un intercambio deja de seguir el plan
La experiencia académica cambió repentinamente.
Los estudiantes se encontraban en Pereira cuando ocurrió el terremoto.
Estaban prácticamente comenzando el día. Algunos todavía se encontraban en sus habitaciones cuando sintieron el movimiento.
Primero pensaron que sería un temblor más.
Después comprendieron la magnitud de lo que estaba ocurriendo.
Uno recuerda cómo sintió moverse su cama, salió junto con sus compañeros y posteriormente observó polvo proveniente de un edificio cercano. Tras el terremoto intentó comunicarse con su familia.
No pudo.
Durante varias horas se quedaron sin electricidad, señal y posibilidades normales de comunicación.
Mientras ellos intentaban entender qué estaba ocurriendo en Colombia, en México sus familias y la UTH trataban de saber si estaban bien.
Aquí la movilidad internacional dejó de ser un concepto académico.
Se convirtió en responsabilidad.
“Como mamá, me puse en los zapatos de sus padres”
Para la Mtra. Mirna Toxqui la emergencia también cambió completamente el escenario.
Había estudiantes de su universidad a miles de kilómetros y familias que necesitaban certezas.
Mirna recuerda que intentó observar la situación no solamente desde su responsabilidad institucional, sino también desde la perspectiva de una madre:
“Como mamá, pues yo me puse en los zapatos de sus padres”.
Su prioridad, explica, fue conocer cómo se encontraban los jóvenes, mantener abiertos los canales de comunicación, reforzar las medidas de seguridad y transmitir a las familias información precisa.
La universidad había creado un grupo de comunicación en el que participaban la propia rectora, responsables de Relaciones Internacionales, directivos y padres de familia.
Los estudiantes recuerdan que, cuando finalmente consiguieron acceso a un teléfono, pudieron enviar mensajes y audios para demostrarles a sus familias que realmente estaban bien.
La distancia convirtió algo aparentemente sencillo —escuchar la voz de un hijo— en una de las mayores certezas disponibles en ese momento.
Acompañamiento real: ¿hasta dónde llega la responsabilidad de una universidad?
La experiencia abre una pregunta que debería formar parte de cualquier conversación sobre movilidad internacional: ¿La responsabilidad de una universidad termina cuando el estudiante aborda el avión?
La respuesta de la rectora de la UTH aparece en las entrevistas mediante un concepto particularmente importante: acompañamiento real.
No se trata solamente, explica, de decir a una familia “estoy pendiente de tu hijo”. Implica atención, comunicación, búsqueda de alternativas y capacidad para generar certeza cuando las circunstancias cambian.
Eso fue precisamente lo que la emergencia terminó poniendo a prueba.
El aeropuerto de Pereira sufrió afectaciones y los vuelos fueron cancelados. La Universidad Tecnológica de Pereira concentró a estudiantes extranjeros en un espacio donde pudieran tener techo, agua y electricidad mientras analizaba cada caso y mantenía comunicación con sus universidades de origen.
Desde México comenzaron también las gestiones.
La Mtra. Mirna Toxqui relata la búsqueda de alternativas, la comunicación con las familias y la intervención de diferentes autoridades. En su testimonio reconoce también el seguimiento del gobernador Alejandro Armenta y posteriormente la participación de la Embajada de México.
Finalmente apareció una posibilidad extraordinaria.
Un avión Hércules de la Fuerza Aérea Mexicana viajaría a Pereira para llevar ayuda.
Los estudiantes podían regresar en él.
Siete horas dentro de un Hércules para volver a México
El regreso tampoco se pareció al viaje de ida.
Los jóvenes describen el Hércules como un espacio completamente distinto a un avión comercial: asientos colocados en los costados, intenso ruido de motores y condiciones propias de una aeronave militar.
El vuelo entre Pereira y México duró alrededor de siete horas.
Dentro viajaban más mexicanos que también habían quedado atrapados por la emergencia.
Pero una de las imágenes más importantes de esta historia no ocurrió en Colombia ni dentro del avión.
Ocurrió cuando aterrizaron en México.
Había alguien esperándolos
Después de migración y de los protocolos correspondientes, los estudiantes comenzaron a descubrir que el regreso todavía no terminaba para todos.
Algunos jóvenes provenientes de otros estados tendrían que buscar cómo continuar hasta sus lugares de origen o esperar varias horas para encontrar transporte.
Los estudiantes de la UTH encontraron una situación diferente.
Sus familias estaban ahí.
Y también su rectora.
Uno de los jóvenes recuerda que esperaba tener que pasar la noche y posteriormente buscar un boleto para regresar a Puebla.
En cambio, encontró a sus familiares, representantes de su universidad y una bandera esperándolo.
Lo describe como “algo muy emotivo”.
La escena permite entender mejor qué significa aquel concepto utilizado por la rectora Mirna Toxqui: acompañamiento real.
No terminó cuando los jóvenes consiguieron la beca.
Tampoco cuando llegaron a Colombia.
Ni siquiera cuando el avión aterrizó en México.
La rectora relata que, después de recibirlos durante la madrugada, todavía había que alimentarlos, trasladarlos y asegurarse de que finalmente estuvieran con sus familias.
Después de vivirlo, ¿volverían a recomendar un intercambio?
Probablemente esta sea la pregunta más importante.
Después del terremoto, la incomunicación, la incertidumbre y un regreso completamente distinto al imaginado, podría suponerse que los jóvenes recomendarían pensarlo dos veces antes de estudiar fuera de México.
Su conclusión es prácticamente la contraria.
Uno de ellos reconoce que la experiencia le hizo comprender incluso la importancia de los simulacros que muchas veces los estudiantes realizan sin dimensionar para qué podrían necesitarlos algún día.
Pero inmediatamente después lanza otra recomendación: si un joven tiene la posibilidad de realizar un intercambio, debería aprovecharla.
Dice haber regresado con “la mente muy abierta” y con una perspectiva que ya no se limita a México, sino a conocer otras partes del mundo.
Otro de los estudiantes considera que una experiencia de movilidad puede modificar las expectativas de un universitario y abrir posibilidades tanto académicas como laborales.
La movilidad internacional también dice qué universidad quieres ser
Para la UTH, Colombia dejó aprendizajes que van más allá de una experiencia extraordinaria.
La institución continúa buscando oportunidades internacionales.
La Mtra. Mirna Toxqui habla de clases espejo y de posibilidades que se están explorando con China, España y Francia, incluyendo no solamente instituciones educativas sino también empresas vinculadas con diferentes áreas del conocimiento.
Y ahí aparece quizá la parte de esta historia que permanece vigente.
La internacionalización universitaria no debería medirse solamente por el número de convenios firmados, fotografías institucionales o estudiantes enviados al extranjero.
También puede observarse en las oportunidades reales que llegan hasta los alumnos, en cómo son preparados antes de salir, en lo que aprenden cuando están lejos y en la capacidad de una institución para responder cuando algo no ocurre como estaba planeado.
Los jóvenes de la UTH regresaron a Huejotzingo después de estudiar en otro país, convivir con estudiantes de diferentes nacionalidades, enfrentar un terremoto y atravesar una situación que seguramente recordarán durante muchos años.
Pero regresaron también mirando el mundo de otra manera.
Y para la Universidad Tecnológica de Huejotzingo quedó otra enseñanza: abrir el mundo a sus estudiantes también significa asumir la responsabilidad de acompañarlos mientras lo descubren.
Una universidad puede ayudar a un joven a llegar muy lejos.
La diferencia aparece cuando ese estudiante descubre que, aun estando a miles de kilómetros de casa, su universidad sigue estando cerca.






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