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Alvart abre sus aulas a la inclusión: cuando la responsabilidad social universitaria se convierte en acciones

hace 18 horas
4 min de lectura

Hablar de responsabilidad social universitaria es relativamente sencillo. Convertir los espacios, conocimientos y capacidades de una institución en herramientas al servicio de quienes enfrentan barreras todos los días es algo distinto.


Puebla, Ciudad Universitaria de México. Universidad Alvart abrió sus instalaciones en Puebla para ser sede del Congreso Nacional de Educación e Inclusión para Personas con Discapacidad Visual, un encuentro que colocó sobre la mesa uno de los desafíos que siguen pendientes dentro y fuera de las instituciones educativas: construir una verdadera inclusión para las personas con discapacidad visual y con baja visión.



El encuentro reunió a especialistas de diferentes entidades del país, instituciones dedicadas a la atención de personas con discapacidad visual, docentes, estudiantes y familias para abordar la inclusión desde diferentes perspectivas.


De hablar de inclusión a aprender cómo hacerla posible


El programa desarrollado en Alvart permitió ir más allá del discurso.


Durante tres días se contemplaron conferencias, paneles, conversatorios y talleres relacionados con independencia personal, actividades de la vida diaria, orientación y movilidad, matemáticas, ábaco Cranmer, Braille integral, estenografía, tiflotecnología, baja visión y aprendizaje del sistema Braille aplicado incluso a la enseñanza del idioma inglés.


La diferencia es importante.


La inclusión educativa puede convertirse fácilmente en un concepto presente en discursos institucionales, programas académicos o documentos oficiales. Pero aprender Braille, comprender cómo enseñar matemáticas a una persona ciega, conocer tecnologías accesibles o entender los desafíos de movilidad y autonomía obliga a llevar esa conversación a la realidad.



Precisamente esa fue una de las intenciones planteadas desde Universidad Alvart.


La institución explicó que convertirse en sede de un encuentro nacional permite acercar estos conocimientos a sus propios estudiantes, particularmente a quienes se preparan para desempeñarse como docentes, pero también ponerlos al alcance de la comunidad poblana.


¿Qué significa realmente incluir?


La pregunta que atravesó buena parte del encuentro es mucho más compleja de lo que parece.

El profesor Enrique Galán Candia, director general del Instituto de Rehabilitación para Ciegos Leyer's de Puebla A.C., explicó que uno de los objetivos centrales del Congreso fue sensibilizar no solamente a quienes trabajan en educación, sino a la sociedad, las familias y a las propias personas ciegas y con baja visión sobre lo que realmente significa la inclusión educativa y su integración en diferentes ámbitos de la vida.



Esto convierte al encuentro en algo particularmente relevante para la formación universitaria.

Porque formar docentes no debería limitarse a enseñar teorías pedagógicas. En algún momento esos futuros profesionistas estarán frente a grupos diversos y necesitarán saber qué hacer cuando llegue a su aula una persona que aprende, se comunica o interactúa con su entorno de una manera diferente.


Durante el Congreso, por ejemplo, especialistas enseñaron directamente herramientas como Braille y estrategias para la enseñanza de matemáticas dirigidas a personas con discapacidad visual.


Herramientas que pueden cambiar una vida


Uno de los ejemplos más interesantes surgió precisamente desde Puebla.


Durante la pandemia, el Instituto de Rehabilitación para Ciegos Leyer's tuvo que encontrar alternativas para continuar sus procesos educativos a distancia. De aquella necesidad nació un método denominado “memopráctico táctil”, diseñado para enseñar lectoescritura del sistema Braille en aproximadamente cuatro horas.



El método formó parte de los talleres impartidos durante el encuentro y busca que los participantes no solamente conozcan el Braille, sino que comprendan posibilidades para aplicarlo incluso en la enseñanza del idioma inglés.


Este tipo de conocimientos muestra otra dimensión de lo que puede ocurrir cuando una universidad abre sus puertas a organizaciones y especialistas que trabajan directamente con problemáticas sociales.


El conocimiento deja de circular exclusivamente dentro de los espacios académicos y comienza a conectarse con experiencias desarrolladas desde la práctica.


Responsabilidad social universitaria


En los últimos años las universidades han ampliado considerablemente las actividades que realizan fuera de las aulas. Congresos, encuentros, experiencias, eventos deportivos, culturales y académicos forman parte de la vida universitaria y contribuyen a construir identidad institucional.



Acercar especialistas nacionales, involucrar a sus estudiantes y abrir un espacio para discutir y aprender sobre discapacidad visual es una actividad universitaria cuyo impacto puede extenderse mucho más allá del campus.


Especialmente cuando quienes participan son futuros docentes.


Un estudiante que hoy aprende Braille, comprende las necesidades de una persona con baja visión o descubre herramientas de tiflotecnología puede encontrarse mañana frente a un alumno que las necesite.


Y entonces aquel taller universitario habrá adquirido otra dimensión.


Una universidad también se construye por su relación con la sociedad


¿Qué hace una universidad con los recursos, espacios y conocimientos que tiene para mejorar la comunidad de la que forma parte?


El Congreso Nacional de Educación e Inclusión para Personas con Discapacidad Visual ofrece una respuesta concreta desde Universidad Alvart.



No porque un encuentro de tres días pueda resolver por sí mismo las enormes barreras que todavía enfrentan las personas con discapacidad, sino porque coloca el problema frente a estudiantes, docentes, especialistas y sociedad y, sobre todo, proporciona herramientas para comenzar a actuar.


El propio Enrique Galán resumió el espíritu detrás de este trabajo al señalar la importancia que tienen los practicantes de Alvart, voluntarios de otras instituciones y miembros de la sociedad en el acompañamiento a las personas ciegas, y planteó que una participación social más amplia terminaría beneficiando a todos.


Ese quizá sea el mensaje más importante que deja el encuentro:

la inclusión no comienza cuando una universidad dice que es incluyente. Comienza cuando crea las condiciones para que alguien aprenda cómo incluir a los demás.


Y en una época en la que las universidades se esfuerzan por visibilidad, prestigio y posicionamiento, generar espacios para atender problemas que pocas veces ocupan los reflectores recuerda algo esencial: la responsabilidad social universitaria no necesita ser espectacular para ser trascendente.

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