Mi primera chamba después de la universidad
La llamada “generación de cristal”, las actitudes de los recién egresados y la automatización del primer empleo hace que nos preguntemos si ¿la inteligencia artificial está eliminando la oportunidad de aprender trabajando?
Puebla, Ciudad Universitaria de México. Durante muchos años, conseguir el primer empleo después de terminar la universidad significaba algo más que recibir un salario. Era la oportunidad de adquirir experiencia, conocer el funcionamiento de una empresa, cometer errores, aprender de compañeros con mayor trayectoria y comenzar a desarrollar una carrera profesional.

Sin embargo, esa etapa podría estar cambiando.
En una nueva emisión de Radar Universitario, con Óscar Lozano en Imagen Radio y con Daniel Cervantes Rosas, Director General de Universidades de Puebla, abordamos una pregunta que terminó generando una conversación mucho más amplia: ¿qué tan preparados están los jóvenes para conseguir su primera chamba después de graduarse?
La discusión comenzó con las actitudes de las nuevas generaciones frente al trabajo, pero rápidamente llegó a un tema de mayor profundidad: la inteligencia artificial está automatizando precisamente algunas de las actividades que tradicionalmente realizaban los profesionistas principiantes.
¿Generación de cristal o una nueva forma de entender el trabajo?
Expresiones como “generación de cristal” se utilizan para describir a jóvenes que, desde la perspectiva de algunos empleadores, muestran poca tolerancia a la frustración, dificultades para recibir críticas o menor disposición para asumir determinadas responsabilidades laborales.
También se habló de la apatía que puede percibirse en algunos recién egresados al incorporarse a las empresas.
Pero aquí aparece una consideración importante: estamos hablando de jóvenes que apenas comienzan su trayectoria profesional.
No todos llegan con experiencia, seguridad o conocimiento de la dinámica laboral. Muchos todavía necesitan orientación, acompañamiento y oportunidades para desarrollar habilidades que difícilmente se adquieren únicamente dentro de un salón de clases.
Además, sería un error atribuir las mismas actitudes a toda una generación. Las expectativas laborales también han cambiado y hoy los jóvenes enfrentan condiciones económicas, tecnológicas y profesionales distintas a las de quienes comenzaron a trabajar hace veinte o treinta años.
El verdadero debate no debería limitarse a señalar las actitudes de los recién egresados, sino a preguntarnos si las universidades y las empresas están preparadas para acompañar su incorporación al mundo profesional.
La inteligencia artificial no necesita aprender como un recién egresado
Durante décadas, las empresas contrataron a jóvenes sin experiencia para realizar tareas relativamente sencillas mientras aprendían los procesos de su profesión.
Un egresado de Derecho podía comenzar revisando expedientes, buscando información jurídica o elaborando documentos.
Un recién egresado de Contaduría podía dedicarse a capturar información, organizar registros y preparar reportes.
En Comunicación, las primeras actividades podían incluir transcribir entrevistas, redactar textos sencillos o recopilar información.
Y en Programación, los nuevos profesionistas podían comenzar con tareas repetitivas, pruebas básicas o correcciones de código.
Hoy, una parte de esas actividades puede realizarse o acelerarse mediante herramientas de inteligencia artificial.
Esto no significa que las profesiones estén desapareciendo ni que las empresas hayan dejado de necesitar nuevos profesionistas. Significa que las tareas que antes servían como puerta de entrada al mercado laboral están comenzando a transformarse.
Y ahí aparece una contradicción:
Si la inteligencia artificial realiza parte del trabajo que antes se asignaba a los principiantes, ¿dónde van a adquirir experiencia los nuevos profesionistas?
¿Qué sucede cuando una empresa compara a un recién egresado con la inteligencia artificial?
Imaginemos una empresa que necesita mejorar su productividad. Por un lado, puede contratar a un recién egresado que requiere capacitación, supervisión y tiempo para adaptarse. Como cualquier trabajador que comienza, probablemente cometerá errores y necesitará orientación.
Por otro, puede incorporar herramientas de inteligencia artificial capaces de ejecutar determinadas tareas con rapidez, disponibilidad constante y costos potencialmente menores.
Si además el empleador percibe falta de compromiso, apatía o resistencia a recibir retroalimentación en algunos candidatos, la automatización podría resultar todavía más atractiva.
Pero la comparación tiene límites importantes. Una herramienta tecnológica no sustituye automáticamente el criterio profesional, la responsabilidad, la creatividad, la capacidad de negociación ni las relaciones humanas. También puede cometer errores y requiere supervisión.
El problema de fondo es otro: las empresas podrían tener menos incentivos para contratar personal exclusivamente para realizar tareas rutinarias que hoy pueden automatizarse.
Esto obliga a los jóvenes a desarrollar habilidades que vayan más allá de ejecutar instrucciones y a las empresas a replantear cómo forman a sus futuros profesionistas.
Medicina y Derecho: dos ejemplos de cómo está cambiando el primer empleo
No todas las carreras enfrentan los mismos desafíos.
En Derecho, las herramientas de inteligencia artificial pueden apoyar la investigación jurídica, el análisis documental y la elaboración de borradores. Sin embargo, interpretar una situación legal, construir una estrategia y asumir responsabilidad profesional siguen requiriendo intervención humana.
Por eso, un joven abogado necesita aprender a utilizar estas tecnologías, pero también desarrollar habilidades de argumentación, análisis y resolución de problemas.
En Medicina, la inteligencia artificial puede apoyar la consulta de evidencia científica, el análisis de información clínica y ciertas tareas administrativas. No obstante, la atención de pacientes exige preparación clínica, supervisión, juicio profesional y responsabilidad médica.
Además, los estudiantes de Medicina cuentan con procesos formativos específicos, como el internado y el servicio social, que muestran la importancia de adquirir experiencia práctica antes de ejercer determinadas responsabilidades.
Los dos casos permiten comprender que el desafío no consiste simplemente en aprender a utilizar inteligencia artificial.
El verdadero reto es formar profesionistas capaces de aportar aquello que la tecnología no puede resolver por sí sola.
Las universidades deben preparar para el primer empleo antes de la graduación
Si las tareas iniciales de algunas profesiones están cambiando, las universidades necesitan fortalecer las oportunidades para que sus estudiantes adquieran experiencia mientras todavía cursan sus estudios.
Las prácticas profesionales, el servicio social y los proyectos desarrollados con empresas e instituciones pueden convertirse en elementos fundamentales de la formación universitaria.
Pero no basta con cumplir un número determinado de horas.
Estas experiencias deberían permitir que los jóvenes enfrenten problemas reales, trabajen con equipos profesionales, reciban retroalimentación y aprendan a utilizar las herramientas tecnológicas de su disciplina.
También es importante que las universidades construyan relaciones más estrechas con empresas, hospitales, despachos, organizaciones y sectores productivos.
Durante mucho tiempo escuchamos una frase: “El primer trabajo es para aprender”.
Hoy esa idea necesita revisarse.
No porque las empresas hayan dejado de ser espacios de aprendizaje, sino porque algunas actividades que antes permitían adquirir experiencia están siendo automatizadas.
La universidad tendrá que asumir una responsabilidad mayor para que sus estudiantes no lleguen al primer empleo sin haber tenido contacto con situaciones profesionales reales.
Esta discusión adquiere especial relevancia en Puebla, uno de los principales polos de educación superior del país.
El corredor universitario integrado por Puebla capital, San Andrés Cholula, San Pedro Cholula y Huejotzingo concentra instituciones públicas y privadas que forman profesionistas en múltiples disciplinas.
Sin embargo, fortalecer a Puebla como ciudad universitaria no debería significar únicamente ampliar la oferta académica o atraer estudiantes de otras entidades.
También implica preguntarnos qué oportunidades encuentran esos jóvenes cuando terminan sus estudios.
¿Cuántos consiguen su primer empleo relacionado con la carrera que estudiaron? ¿Cuánto tiempo tardan en incorporarse al mercado laboral? ¿Qué habilidades solicitan las empresas? ¿Qué papel está teniendo la inteligencia artificial en los procesos de contratación?
Son preguntas que merecen mayor investigación y que deberían formar parte de la agenda de vinculación entre universidades y sectores productivos.
El primer empleo ya no puede esperar hasta después de la universidad
Los jóvenes necesitan comprender que el título universitario, por sí solo, no garantiza una oportunidad profesional. La actitud, la responsabilidad, la capacidad de aprender, la experiencia práctica y el dominio de nuevas tecnologías pueden marcar diferencias importantes.
Las empresas, por su parte, necesitan reconocer que ningún profesionista comienza su trayectoria con años de experiencia y que formar talento joven también representa una inversión a futuro.
Y las universidades tienen ante sí el desafío de conectar de manera más efectiva la formación académica con el ejercicio profesional.
Porque si la inteligencia artificial está transformando las tareas que antes realizaban los recién egresados, la experiencia profesional tendrá que comenzar mucho antes de recibir el título universitario.
La gran pregunta ya no es solamente quién le dará su primera oportunidad de trabajo a un joven.
También debemos preguntarnos quién le dará la oportunidad de aprender aquello que necesitará para conseguirla.






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